viernes, septiembre 08, 2006

unas crónicas que estoy ensayando

El 26-8-6, a las 5 de la tarde, en Rivadavia y Del Barco Centenera se inició el tercer rally del año. Eric Londaits, Albano García, Lucas con Lucio Gilardi, Ricardo Bravo, Victoria Márquez, Jonathan Szencis, Mauricio Corbalán, Mint, Gustavo Diéguez, Alejandro Vaca Bononato, Ignacio Queraltó, Julia Codina y Martín Di Peco asistieron a tan grato evento.

Desde el techo de Primera Junta partimos a eso de las cinco y cuarto, guiados heroicamente por el lesionado nacho. Caminamos por Rivadavia hasta Martín de Gainza, doblando para cruzar las vías. Ricardo, Jonathan y Albano prefieren la altura panorámica del puente peatonal. Pasan las formaciones y continuamos costeando la sede del club Ferro, sede en ese momento del “Encuentro internacional de organizaciones obreras”. Los micros escolares naranjas que los habían transportado desde las naciones más remotas estaban todos estacionados sobre la av. Avellaneda. Colado entre medio, un camión de bomberos llamativamente pintado no de rojo, sino de verde manzana light.
Llegamos a la calle Seguí y doblamos a la izquierda 50 metros hasta encontrarnos con el galpón de la resistencia: canchas de paddle al frente, pero además un pequeño vivero y los ferromodelistas del oeste.
El flaco que atiende el bar de la entrada se entusiasma al ver tanta gente junta. Prende las luces y la música a todo volumen.
-“Venimos a ver los trenes”.
-“Ah…, están al fondo.”
Efectivamente los encontramos al fondo, en semipenumbra, después de pasar por el quincho – vivero y el court central.
Nos presentamos desordenadamente y la atención se divide entre las tres maquetas / mesas de trabajo. Arístides no da abasto para atender a su público como “jefe de prensa”, cargo que se acaba de inventar. Los flashes no se hacen rogar y Norberto accede a posar con sus maquetas.
A los pocos minutos se suma Mint al rally, que venía llegando desde Banfield.
Alejandro se enciende recordando sus tiempos de maquetista y coleccionista.
“Acá no les vamos a vender nada”, es la primera advertencia que se hace escuchar. Luego sabremos que esa frase también funciona como una especie de leitmotiv contra los otros clubes enemigos.
“Son las propias restricciones que el orden capitalista pone al trabajo lo que hace que muchísima gente quiera –necesite- trabajar por fuera del orden mercantil como necesidad antropológica, como necesidad social aunque no pase por lazos mercantiles.”[1]

¿Pero cual sería entonces el motor de este club no regido por la ambición de capital?
Fourier ensaya una respuesta: “que (entre ellos mismos) se critiquen o censuren sin piedad los menores detalles de su industria, que sus pretensiones sean incompatibles y contrarias a la menor fraternidad; que organicen, por el contrario, escisiones, envidias e intrigas de todo género.”[2]
Fourier propone que las actividades “sean ejercidas en compañía de amigos espontáneamente reunidos, intrigados y estimulados por activísimas rivalidades”

Don Jesús no tarda en jactarse de que la asociación que el preside es la de mayor producción del país. Arístides a su vez afirma haber sido expulsado de la A.F.B.A. por una falsa acusación de hurto de 30 pesos. En una misma movida conecta un durísimo revés: “Yo me fui de ahí porque había pederastas, se estaban metiendo con los pibes. Yo los denuncié y me echaron, inventaron que yo me había robado 30 pesos de la recaudación… imaginate lo ladrón que seré, que acá me nombraron tesorero inmediatamente”


El intercambio es intenso, pero debemos completar el itinerario y nos despedimos silbando bajo. Es que nuestra próxima parada será su club archirival.

Caminamos entonces por Bogotá hasta Donato Alvarez, y sobre las vías encontramos a la AFBA: un enorme playón al lado de las vías, con un vagón ambientado años 20, un vagón museo / sala de lectura y un vagón con maquetas. Aquí la escena ya está armada, y cada actor cumple su rutina con aplomo. Cada tanto se escucha el Sarmiento, para aumentar el efecto de realidad.
Eric trata de entender el juego al que juegan los “maquinistas”, que operan el control.
“me hace acordar a mis épocas del Flight Simulator”
Aquí hay una sola maqueta, su acabado es más cuidado y tiene más que ver con una especie de instalación que con una mesa de trabajo. Ocupa contorneándose casi todo el ancho y casi todo el largo del vagón. Se ha previsto un pequeño lugar para que la gente pase, vea y se apoye sobre una baranda. Es que la maqueta queda un poco más baja, para que pueda ser vista como se debe.
“Las utopías consuelan, porque aunque no tengan lugar real, se despliegan, sin embargo, en un espacio maravilloso y liso; abren ciudades de grandes avenidas, jardines bien plantados, países benignos, aunque su acceso sea quimérico.”[3]

“Para ser realistas, tendrían que haber incluido un piquete en alguna de las vías”, agita Jonathan y comenzamos a discutir en el vagón comedor.
A esta altura, Lucio se impacienta. Se le escapa a Mauricio y vandaliza accidentalmente una varilla - sostén de cortina. “Este coche tiene casi 100 años y lo tratamos de conservar”, se enoja el jefe de ahí. Es evidente que esa tarea la toman muy en serio. Para conservar la atmósfera de los años 20 no han dejado escapar ni una gota de aire de esa época. No vendría mal una corriente de renovación, sobre todo para expulsar el aroma a fritura con ajillo que festeja su aniversario junto con el tren.
Ricardo decide aventurarse a explorar el resto del predio, y después de un buen tiempo salimos a buscarlo. Cuando lo encontramos, Victoria se despide corriendo como loca al 44. El resto del grupo se va desprendiendo a medida que va por Rivadavia encontrando las paradas de sus distintos colectivos…











El sábado siguiente nos reunimos en constitución para completar la odisea, esta vez en su etapa suburbana. Frente a las boleterías estaban Eric Londaits; Eduardo Carrera; Ariel Hendler; Patricio Larrambere; Ezequiel Semo; Vera, Lucio y Lucas Gilardi; Albano García; Diego Melero; Ignacio Queraltó; Gustavo Dieguez; Ricardo Bravo; Jonathan Szencis, Facundo Quiroga y Martín Di Peco

Por lo numeroso del grupo nos fue más cómodo viajar en el vagón para bicicletas.
Mientras Gustavo contaba el día que entró a isla Maciel con prefectura y así y todo fue apedreado Albano recordaba sus días de cadete por dock sud y Eduardo narraba sus aventuras con remiseros portadores de 9 mm por Boulogne. De no ser por lo inconfundible de la estación nos hubiéramos pasado, de lo encendida que estaba la charla. En Talleres nos esperaban Ana Audivert y Martín Zaitch. Como Mint no había llegado todavía, le dejamos un mensaje en su celular que no empieza con 15 sino con 11.
Comenzamos la caminata por un sendero paralelo a las vías que pasa al lado de una plaza de boy scouts y una especie de corralón de materiales usados: colecciones de puertas, chapas, maderas, piedras y etcéteras entre los que Mint jugaba de chica cuando no había alambrado. Algún que otro tropezón y llegamos a la base del único puente que une Remedios de este a oeste. La rodilla de nacho crujía pero igual tuvimos nuestra sesión programada de trecking salvando los vacíos de los tablones faltantes del puente. No es fácil entrar en la colonia.

“las heterotopías suponen siempre un sistema de apertura y clausura que, a su vez, las aísla y las hace penetrables. En general, no se accede a un emplazamiento heterotópico como a un molino. (…) No puede entrarse en ellas si no es con cierta autorización y después de haber cumplido cierto número de gestos”[4]


Desde arriba, las obligadas panorámicas al AbreMate (que no se pronuncia abre-meit) y a los talleres semi-abandonados. Desde el otro lado, la primera aparición: un pony desbocado galopando a toda velocidad. Los pibes que lo cuidaban lo entran y cierran rápidamente la tranquera para que estos extraños visitantes no le hagan daño. Tampoco entendía nuestra presencia el móvil de la bonaerense, ¿qué hace este grupo en actitud sospechosa? ¿a que le sacan fotos?
“Vamos al velódromo, oficial”.

Una parte del grupo amaga a separarse, pero finalmente triunfan los más mapistas que el mapa. Respetamos el trazado previsto y el paisaje comienza a estar dominado por ciclistas. La cosa va en serio, se está compitiendo de verdad. Nos damos cuenta por la arenga de “relato de mierda”[5] que domina el espacio sonoro del “Lanús Cycles Club” desde lo alto de su cabina.
Tomamos algunas fotos y continuamos por el barrio colonial inglés, al que el peronismo años más tarde le ha adjuntado algunos de sus chalets californianos. También se ha adosado al barrio, sin solución de continuidad, una enorme estación transformadora eléctrica. Gustavo y Zaitch discuten sobre los problemas de fe cuando la contaminación es invisible… creer o reventar. Unos pasos más y Ana nos abre las puertas de la casa. Adentro nos esperaba Atún, un poco cabisbajo después de su visita al veterinario. Entre maníes, cachamates y mandarinas conocemos (invadimos) las instalaciones de la casa/ estudio/ taller/ galería/ centro cultural y sitio arqueológico. Al poco tiempo suena el celular de Lucas. “Es Mauricio, dice que está en la estación”. Zaitch toma el teléfono para indicarle el camino: “es la casa 159, no te podés perder.”
Imposible perderse en el orden fundado por la colonia

“…se sabe que la imaginación utópica está estrechamente vinculada al descubrimiento del nuevo mundo, (…) territorios vírgenes adonde se podrían crear desde cero nuevos valores y nuevas relaciones”1
“las heterotopías (…) crean otro espacio, otro espacio real, tan perfecto, tan meticuloso, tan bien dispuesto como el nuestro está desordenado, descompuesto y confuso”4


Sorpresivamente el nuevo huésped llega antes de lo esperado: ya conocía la zona, confesará. Lucio le ofrece dos tic tacs para que cobre energías, y le harán falta, ya que enseguida el convoy echa a andar de nuevo. Hay unas nubes gordas que ponen en peligro la travesía, por eso nos despedimos rápido de Ana: “yo los abandono acá.”
Antes de llegar a la avenida pasamos por unas canchas donde parecía estar jugándose el mundial kitch de ciudades-estado: unos morochos con camiseta naranja más fluo que la suplente de Banfield, contra otros no menos morochos con una camiseta amarilla no menos fluo cruzada con una V blanca. ¡Santas Sedes! Los sábados son muy deportivos en escalada.
Seguimos caminando varias cuadras hasta el lava autos “el delfín”. Enfrente nos esperaba Mint, en la puerta del ferroclub. Pagamos el bono contribución y nos recibe quien más tarde sabremos que es el presidente de ahí. Se intriga por el grupo y no alcanza con el “somos amigos de Patricio.” Se ofende y nos deja librados a nuestra suerte. Desde un galpón nos llegan unos acordes beatlescos. ¿No vieron que el logo tiene la tipografía “yellow submarine”? comenta Albano. Más adentro, los restauradores se matan a puro Rammstein, metal por todas partes. Cruzamos la nave y cuando estamos saliendo, para agregarle más extrañez a la situación, cae una fina llovizna con sol. ¿Se casa el viejo pija loca?[6]
Seguimos hasta la Terminal del trencito y nos ofrecen un viaje gratis. Excusa para que los grandulones den la vuelta entera hasta los galpones reciclados de la universidad de Lanús, donde todo tiene nombre de panteón peronista. A la vuelta nos bajamos en la estación “bosquecitos” y paramos a tomar algo en el vagón comedor. Allí la camarera tiene una extraña forma de controlar el pedido: “Ustedes pidieron 5 cafés con leches, 14 medialunas, 2 submarinos, 3 cortados y 4 alfajores de maicena, ¿no?” Yo se lo que pedí yo, pero no se me ocurrió llevar la cuenta de cuantos pedían lo mismo…
Recomponemos energías a la vez que debatimos sobre el ferricidio. Por suerte, Jonathan malinterpreta el concepto de Juan Carlos Cena: “oyeron lo que paso en Uruguay? Estaban jalando de una locomotora vieja en un programa de tv, se pasaron de rosca y murieron 2 personas aplastadas… esas máquinas son bestias adormecidas”Mint asiente pero prefiere entrevistar al guía del museo. La acompaño y lo encontramos en el mismo vagón sentado tomando un café. “yo estoy medio sordo, mejor hablen con él”. El era el presidente, que estaba sentado al lado, y nos devuelve la cortesía: “si son de una revista electrónica porque no buscan información nuestra en Internet?” Que buena idea, nos apuramos entonces para volver y encontrar el cyber más cercano así nos enteramos de que se trata el ferroclub de Remedios de Escalada.

[1] La utopía, entre la pasión y la razón, entre el ideal y la negatividad. Horacio Tarcus en Ramona nº 22
[2] El Falansterio. Charles Fourier
[3] Las palabras y las cosas, Michel Foucault. (prefacio)
[4] Espacios otros, utopías y heterotopías, Michel Foucault. 1967, conferencia en el Centre d`ètudes architecturales, París.
[5] http://rdescalada.webcindario.com
[6] http://rdescalada.webcindario.com

4 comentarios:

Albano Garcia dijo...

Me encantó la crónica. Desconocía el costado Maicol-Bambinesco de los del AFBA.
Igual a mí me gustó más el totem de resistencia de la cancha de paddle, se nota que tienen aguante en su regresión, y me cabe lo más "amateur" de sus dioramas.

conurbano dijo...

la cronica esta muy completa
no creo que debas seguir ensayando nada!
Las relaciones que haces con Furier
parecen definiciones hechas
para estas cosas especificamente!

me gusta mucho la frase
"intrigados y estimulados por activísimas rivalidades”

porque creo que tambien sucede
en esta microsociedad rallyconurbano,
y eso es lo mas divertido
de una microsociedad.

La frase (perdon, pero la vieja
saca otro recuerdo de su niñez
y sus microsociedades infantiles)

por esto de Furier:

Recuerdo que en mi terraza
jugaba a "los negocios tipo
contruir una ciudad con negocios
tipo simcity" con mis
hermanos y vecinos varones
porque teniamos latas S-26 llenas
de monedas antiguas.
Cosa que yo nunca hacia bien los negocios
y era normal que me fuera mal,
y cuando notaba que me estaba llendo bien
era porque ellos dejaban de interesarse
en el juego y hacian que perdian,
que gastaban rapido todo su dinero
para terminarlo.

Cuando lo notaba
salian todos corriendo
porque solia enojarme mucho.


o sea, la microsiociedad existe
mientras
el interes es mutuo, de todos
y de la misma potencia aproximadamente,
sino desaparece,
como bien plantea Foucault.


... es raro eso de las camisetas de futbol.
odio la naranja de banfield,
de donde sacan q esta bueno!?
en fin. son microsociedades tambien.

slds

mnt

mint dijo...

ayer a la noche cenando, la mama de mi novio dice (sin q sepa nada de esto del rally): "mi tio antonio q era carpintero era fenomenal, andaba en una silla de ruedas y para nosotros de chikitos era como si nada, le pediamos que nos lleve a dar una vuelta a upa, y luego me entere que el era carpintero del ferrocaril en santa fe y como vivia a una estacion de su trabajo el carguero por las mañanas desaceleraba en su estacion para subirlo, y una vez le chingo al escalon y le paso por arriba de la spiernas, asi es como el puesto se lo pasaron a mi tia y como ella no sabia de carpinteria termino guardabarreras de santa teresa en santa fe, era a mano y como no tenia mucha fuerza le decian la tortuga de santa teresa".

...

hoy escuche decir a mi viejo en el desayuno mientras veia q en el diario anunciaban bases españolas de plantas para biodisel en rio negro: "todos los problemas van a terminar cuando la terminen con el petroleo, a frondizi lo presionaron para que abandone los ferrocariles, para q los camioneros tomen la posta, por presiones de las petroleras, claro," !

:)

ferricidio diario de cada dia.
slds!
mnt

Victoria dijo...

¡Santas Sedes! Los sábados son muy deportivos en escalada.

me mataste martin....¡Santas Sedes!... lo tuyo es escribir...

muahahahahaha
menos construccion, mas escritura... como decia Hegel, la filosofía terminará reemplazando a la arquitectura...

(bueno, casi)